Nuestro órgano más importante, el
cerebro, está expuesto a las demandas e información que las sustancias que
circulan por la sangre, el torrente alimenticio, le suponen. Comprender la
complejidad del cerebro es, aunque parezca irrisorio, una idea muy actual.
Durante siglos no se consideró que fuese el cerebro el centro del actuar
humano. Muchas suposiciones hubo que ponían en otros órganos esta función de
ser el eje rector de toda actividad.
Esto es fácil de comprender, de
algún modo, comprender bajo la luz de la ciencia lo que el cerebro es y su
importancia para el acontecer humano constituye aún un reto mayúsculo. Sólo por
dar una idea, es de suponerse que el cerebro humano se forma por alrededor de
cien mil millones de células nerviosas cuyo contacto depende, en promedio, de
unas mil sinapsis.
Estudiar el cerebro humano es una
tarea multidisciplinaria y puede decirse que en pleno siglo XXI está apenas en
proyecto, en comparación con otros desarrollos científicos. Como sea, conocer y
descubrir el maravilloso cerebro humano es, sin duda, un tema apasionante y una
veta investigativa con un potencial inimaginable.
García Linares dice que
La investigación biológica
del cerebro es un área multidisciplinar que abarca muchos niveles de estudio.
En este campo se contempla desde el nivel puramente molecular, hasta el
específicamente conductual y cognitivo, pasando por el nivel celular, las
conexiones y pequeñas redes neuronales y los grandes tractos, incluyendo
sistemas como la corteza cerebral o el cerebelo, y, por supuesto, la
neurociencia cognitiva, considerada el nivel más alto del sistema nervioso.[i]
Sin duda, uno de los campos que
está haciendo olas gigantescas en los desarrollos acerca del cerebro es la
novedosa disciplina conocida como neurociencia. Desde el lugar de la
neurociencia es posible observar una de las vetas más intrigantes y de algún
modo que demandan una respuesta más coherente hasta lo previamente conocido es
lo que se relaciona con las adicciones.
Una primera mirada puede situarse
en la perspectiva de quienes sostienen que la neurociencia “…tiene como
principal cometido establecer las relaciones entre conducta, cerebro y mente,
dando por sentado, algo que, aunque parece obvio, no siempre se tiene en
cuenta: cualquier acto mental y cualquier comportamiento humano ocurren dentro
de un cerebro y de un cuerpo.”[ii] Situarnos
en esta perspectiva ayudaría a comprender que cualquier comportamiento humano está
asociado con el cerebro y que explicar cómo opera esta asociación puede ser
crucial para acercarnos a mejores oportunidades para brindar soluciones
eficaces y eficientes.
Un aspecto muy importante para
comprender a un cerebro adicto es lo que en 1990 se nombró como sistema cannabinoide endógeno, que es un
sistema de neurotransmisión, es decir, un sistema que comunica a las células a
través de sustancias, llevando y trayendo entre las distintas zonas cerebrales
la información que marca el comportamiento.[iii]
Esto lleva a reflexionar acerca de que hace
ya dos décadas y media se ha podido determinar científicamente que el
comportamiento humano está fuertemente signado por las sustancias que circulan
entre las células y que estas sustancias son alteradas por lo que ingerimos,
por lo que respiramos, por las emociones que experimentamos y por otros
factores más, pero más importante aún es centrar la atención en que el sistema
es multivía; esto es, la respuesta al ambiente es sólo una forma de entender el
modo en que se afecta nuestro comportamiento, pues al tiempo, el modo en que
nos comportamos realiza demandas internas en nuestro cuerpo que provoca la
segregación de sustancias que también afectan el comportamiento.[iv]
Belmonte (N.D.), por ejemplo,
señala que
Considerando la importancia
fundamental de la transmisión sináptica excitadora e inhibidora en el sistema
nervioso, no es sorprendente que la clave de las terapias actuales para muchas
de las enfermedades de éste, se centre en la identificación de los
neurotransmisores y/o los receptores postsinapticos implicados en el
funcionamiento de los circuitos sobre los que se sustentan las funciones
nerviosas alteradas por la enfermedad. La moderna Neurofarmacología busca poder
interferir de manera cada más selectiva y específica sobre los procesos de
síntesis, liberación, eliminación o reciclaje de los distintos neurotransmisores,
sobre la unión de éstos a sus receptores postsinapticos o sobre la expresión,
afinidad o características moleculares de tales receptores, en la búsqueda de
un tratamiento efectivo para las más variadas enfermedades nerviosas.[v]
Esta visión acerca de la
posibilidad de intervención en las enfermedades que se asocian con el cerebro y
sus neurotransmisores, es esencial para atender el problema de las adicciones. Como
señala Guerrero Mothelet en el artículo “El cerebro adicto”, las adicciones en
la época actual se definen con un distanciamiento radical de las moralinas de
décadas anteriores. Una adicción se percibe ahora como enfermedad, una que
tiende a buscar y usar alguna sustancia aún a sabiendas de los dañinos efectos
que puede tener para quien la consume. Pero otro elemento sustancial de este
modo de concebirla es el hecho de que puede ser tratable, generando mejores
oportunidades para la vida de la persona que cruza por alguna adicción.[vi]
El consumo de drogas afecta de
forma determinante el comportamiento, Guerrero Mothelet señala que abusar de
las drogas puede llevar a alteraciones en zonas del cerebro que pueden
repercutir en problemas con el ritmo cardiaco, con la respiración y que también
pueden alterar el sueño. Pero los efectos más alarmantes son los que afectan la
zona de la corteza cerebral, pues ese lugar es donde el procesamiento de la
información que nos llega por los sentidos altera aspectos como la capacidad
del pensamiento para hacer planes, afrontar problemas y crea también un efecto
sobre el poder de la toma de decisiones.[vii]
Los efectos de algunas drogas
En el artículo citado líneas
atrás, Guerrero Mothelet presenta la influencia de algunas sustancias:
Efectos de algunas sustancias
Nicotina. Estimulante que se
encuentra en cigarros y otras formas de tabaco. Es muy adictiva y al fumarse
eleva el riesgo de cáncer, enfisema, trastornos bronquiales y problemas
cardiovasculares.
Alcohol. Su consumo puede dañar
el cerebro y la mayoría de los órganos. Las áreas cerebrales especialmente
vulnerables a esta droga son la corteza cerebral (funciones ejecutivas), el
hipocampo (memoria y aprendizaje) y el cerebelo (coordinación de movimientos).
Mariguana. Puede dañar la memoria y el aprendizaje de corto plazo, la capacidad
de concentración y la coordinación. Aumenta el ritmo cardiaco y puede
perjudicar los pulmones, así como elevar el riesgo de desarrollar psicosis en
personas vulnerables.
Inhalables.
Sustancias volátiles que se encuentran en muchos productos caseros, como
pinturas, pegamentos y algunos aerosoles. Son extremadamente tóxicos y pueden
dañar el corazón, los riñones, los pulmones y el cerebro.
Cocaína. Estimulante que por la
brevedad de sus efectos se suele consumir varias veces en una sola sesión.
Puede provocar graves consecuencias médicas relacionadas con el corazón y los
sistemas respiratorio, nervioso y digestivo.[viii]
Es posible esperar que los
avances de campos disciplinarios como la neurociencia realicen aportes
significativos en la construcción de respuestas para la intervención de las
adicciones y para crear escenarios más esperanzadores, sin embargo, el campo es
aún una veta abierta a la investigación, pues como sostiene Belmonte,
El avance conseguido en el
análisis individualizado de cómo son y cómo funcionan a nivel molecular y
celular las neuronas y cómo su actividad, conexiones y supervivencia están
condicionada por factores externos, inmunológicos, hormonales o vasculares, no
responde, sin embargo directamente a la pregunta más central de la
neurobiología, que sigue siendo cómo la interacción entre todos esos tipos
celulares acaba conduciendo a la aparición de las propiedades emergentes que
dan origen a las complejas funciones sensoriales, cognitivas, afectivas y
motoras que resultan de la operación integrada del cerebro.[ix]
[i] García Linares,
Antonio. “Neurotecnología para el ciudadano”, en UCiencia, Revista cuatrimestral de divulgación científica, No. 9,
abril de 2012, p. 14.
[ii] Lorea y otros. “Cannabis,
cerebro y adicción”, en Revista española
de drogodependencias, No. 30 (1 y 2), 2005, p. 105.
[iii] Ibidem, p. 108.
[iv] Sobre este asunto,
por ejemplo, Alfredo Espinet sostiene que “…El comportamiento y las
experiencias pueden producir cambios en el cerebro, algo particularmente
evidente en el neonato, dada su enorme plasticidad neuronal…”. Para seguir sus
reflexiones, Vid Espinet Rubio,
Alfredo. “Desde el cerebro hasta la conducta. Un viaje de ida y vuelta”, en UCiencia, Revista cuatrimestral de
divulgación científica, No. 9, abril de 2012, p. 30.
[v] Belmonte Martínez,
Carlos. “Perspectivas y desafios en la investigación del cerebro”, en An. R. Acad. Med. Comunitat Valenciana, No.
11, p. 6.
[vi] Guerrero Mothelet,
Verónica. “El cerebro adicto”, en ¿Cómo
ves?. Revista de divulgación de la ciencia de la UNAM, artículo consultado
el 28 de abril de 2016 y disponible en http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/177/el-cerebro-adicto
[vii] Ibidem.
[viii] Ibidem.
[ix]
Belmonte Martínez, Op. Cit.
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