jueves, 28 de abril de 2016

Reflexiones sobre el cerebro adicto




Nuestro órgano más importante, el cerebro, está expuesto a las demandas e información que las sustancias que circulan por la sangre, el torrente alimenticio, le suponen. Comprender la complejidad del cerebro es, aunque parezca irrisorio, una idea muy actual. Durante siglos no se consideró que fuese el cerebro el centro del actuar humano. Muchas suposiciones hubo que ponían en otros órganos esta función de ser el eje rector de toda actividad.

Esto es fácil de comprender, de algún modo, comprender bajo la luz de la ciencia lo que el cerebro es y su importancia para el acontecer humano constituye aún un reto mayúsculo. Sólo por dar una idea, es de suponerse que el cerebro humano se forma por alrededor de cien mil millones de células nerviosas cuyo contacto depende, en promedio, de unas mil sinapsis.

Estudiar el cerebro humano es una tarea multidisciplinaria y puede decirse que en pleno siglo XXI está apenas en proyecto, en comparación con otros desarrollos científicos. Como sea, conocer y descubrir el maravilloso cerebro humano es, sin duda, un tema apasionante y una veta investigativa con un potencial inimaginable.

García Linares dice que

La investigación biológica del cerebro es un área multidisciplinar que abarca muchos niveles de estudio. En este campo se contempla desde el nivel puramente molecular, hasta el específicamente conductual y cognitivo, pasando por el nivel celular, las conexiones y pequeñas redes neuronales y los grandes tractos, incluyendo sistemas como la corteza cerebral o el cerebelo, y, por supuesto, la neurociencia cognitiva, considerada el nivel más alto del sistema nervioso.[i]

Sin duda, uno de los campos que está haciendo olas gigantescas en los desarrollos acerca del cerebro es la novedosa disciplina conocida como neurociencia. Desde el lugar de la neurociencia es posible observar una de las vetas más intrigantes y de algún modo que demandan una respuesta más coherente hasta lo previamente conocido es lo que se relaciona con las adicciones.

Una primera mirada puede situarse en la perspectiva de quienes sostienen que la neurociencia “…tiene como principal cometido establecer las relaciones entre conducta, cerebro y mente, dando por sentado, algo que, aunque parece obvio, no siempre se tiene en cuenta: cualquier acto mental y cualquier comportamiento humano ocurren dentro de un cerebro y de un cuerpo.”[ii] Situarnos en esta perspectiva ayudaría a comprender que cualquier comportamiento humano está asociado con el cerebro y que explicar cómo opera esta asociación puede ser crucial para acercarnos a mejores oportunidades para brindar soluciones eficaces y eficientes.

Un aspecto muy importante para comprender a un cerebro adicto es lo que en 1990 se nombró como sistema cannabinoide endógeno, que es un sistema de neurotransmisión, es decir, un sistema que comunica a las células a través de sustancias, llevando y trayendo entre las distintas zonas cerebrales la información que marca el comportamiento.[iii]

Esto lleva a reflexionar acerca de que hace ya dos décadas y media se ha podido determinar científicamente que el comportamiento humano está fuertemente signado por las sustancias que circulan entre las células y que estas sustancias son alteradas por lo que ingerimos, por lo que respiramos, por las emociones que experimentamos y por otros factores más, pero más importante aún es centrar la atención en que el sistema es multivía; esto es, la respuesta al ambiente es sólo una forma de entender el modo en que se afecta nuestro comportamiento, pues al tiempo, el modo en que nos comportamos realiza demandas internas en nuestro cuerpo que provoca la segregación de sustancias que también afectan el comportamiento.[iv]

Belmonte (N.D.), por ejemplo, señala que

Considerando la importancia fundamental de la transmisión sináptica excitadora e inhibidora en el sistema nervioso, no es sorprendente que la clave de las terapias actuales para muchas de las enfermedades de éste, se centre en la identificación de los neurotransmisores y/o los receptores postsinapticos implicados en el funcionamiento de los circuitos sobre los que se sustentan las funciones nerviosas alteradas por la enfermedad. La moderna Neurofarmacología busca poder interferir de manera cada más selectiva y específica sobre los procesos de síntesis, liberación, eliminación o reciclaje de los distintos neurotransmisores, sobre la unión de éstos a sus receptores postsinapticos o sobre la expresión, afinidad o características moleculares de tales receptores, en la búsqueda de un tratamiento efectivo para las más variadas enfermedades nerviosas.[v]

Esta visión acerca de la posibilidad de intervención en las enfermedades que se asocian con el cerebro y sus neurotransmisores, es esencial para atender el problema de las adicciones. Como señala Guerrero Mothelet en el artículo “El cerebro adicto”, las adicciones en la época actual se definen con un distanciamiento radical de las moralinas de décadas anteriores. Una adicción se percibe ahora como enfermedad, una que tiende a buscar y usar alguna sustancia aún a sabiendas de los dañinos efectos que puede tener para quien la consume. Pero otro elemento sustancial de este modo de concebirla es el hecho de que puede ser tratable, generando mejores oportunidades para la vida de la persona que cruza por alguna adicción.[vi]

El consumo de drogas afecta de forma determinante el comportamiento, Guerrero Mothelet señala que abusar de las drogas puede llevar a alteraciones en zonas del cerebro que pueden repercutir en problemas con el ritmo cardiaco, con la respiración y que también pueden alterar el sueño. Pero los efectos más alarmantes son los que afectan la zona de la corteza cerebral, pues ese lugar es donde el procesamiento de la información que nos llega por los sentidos altera aspectos como la capacidad del pensamiento para hacer planes, afrontar problemas y crea también un efecto sobre el poder de la toma de decisiones.[vii]

Los efectos de algunas drogas

En el artículo citado líneas atrás, Guerrero Mothelet presenta la influencia de algunas sustancias:

Efectos de algunas sustancias
Nicotina. Estimulante que se encuentra en cigarros y otras formas de tabaco. Es muy adictiva y al fumarse eleva el riesgo de cáncer, enfisema, trastornos bronquiales y problemas cardiovasculares.
Alcohol. Su consumo puede dañar el cerebro y la mayoría de los órganos. Las áreas cerebrales especialmente vulnerables a esta droga son la corteza cerebral (funciones ejecutivas), el hipocampo (memoria y aprendizaje) y el cerebelo (coordinación de movimientos). Mariguana. Puede dañar la memoria y el aprendizaje de corto plazo, la capacidad de concentración y la coordinación. Aumenta el ritmo cardiaco y puede perjudicar los pulmones, así como elevar el riesgo de desarrollar psicosis en personas vulnerables.
Inhalables. Sustancias volátiles que se encuentran en muchos productos caseros, como pinturas, pegamentos y algunos aerosoles. Son extremadamente tóxicos y pueden dañar el corazón, los riñones, los pulmones y el cerebro.
Cocaína. Estimulante que por la brevedad de sus efectos se suele consumir varias veces en una sola sesión. Puede provocar graves consecuencias médicas relacionadas con el corazón y los sistemas respiratorio, nervioso y digestivo.[viii]

Es posible esperar que los avances de campos disciplinarios como la neurociencia realicen aportes significativos en la construcción de respuestas para la intervención de las adicciones y para crear escenarios más esperanzadores, sin embargo, el campo es aún una veta abierta a la investigación, pues como sostiene Belmonte,

El avance conseguido en el análisis individualizado de cómo son y cómo funcionan a nivel molecular y celular las neuronas y cómo su actividad, conexiones y supervivencia están condicionada por factores externos, inmunológicos, hormonales o vasculares, no responde, sin embargo directamente a la pregunta más central de la neurobiología, que sigue siendo cómo la interacción entre todos esos tipos celulares acaba conduciendo a la aparición de las propiedades emergentes que dan origen a las complejas funciones sensoriales, cognitivas, afectivas y motoras que resultan de la operación integrada del cerebro.[ix]






[i] García Linares, Antonio. “Neurotecnología para el ciudadano”, en UCiencia, Revista cuatrimestral de divulgación científica, No. 9, abril de 2012, p. 14.
[ii] Lorea y otros. “Cannabis, cerebro y adicción”, en Revista española de drogodependencias, No. 30 (1 y 2), 2005, p. 105.
[iii] Ibidem, p. 108.
[iv] Sobre este asunto, por ejemplo, Alfredo Espinet sostiene que “…El comportamiento y las experiencias pueden producir cambios en el cerebro, algo particularmente evidente en el neonato, dada su enorme plasticidad neuronal…”. Para seguir sus reflexiones, Vid Espinet Rubio, Alfredo. “Desde el cerebro hasta la conducta. Un viaje de ida y vuelta”, en UCiencia, Revista cuatrimestral de divulgación científica, No. 9, abril de 2012, p. 30.
[v] Belmonte Martínez, Carlos. “Perspectivas y desafios en la investigación del cerebro”, en An. R. Acad. Med. Comunitat Valenciana, No. 11, p. 6.
[vi] Guerrero Mothelet, Verónica. “El cerebro adicto”, en ¿Cómo ves?. Revista de divulgación de la ciencia de la UNAM, artículo consultado el 28 de abril de 2016 y disponible en http://www.comoves.unam.mx/numeros/articulo/177/el-cerebro-adicto
[vii] Ibidem.
[viii] Ibidem.
[ix] Belmonte Martínez, Op. Cit.

1 comentario:

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